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Otro año con indicadores negativos para el sector porcino

La cadena de la carne porcina mostró casi en espejo el mismo deterioro de la economía argentina en los últimos años. La producción se contrajo, las importaciones bajaron por el escaso nivel de demanda, las exportaciones no crecieron y el consumo se deterioró.

26 dic, 2019


“La producción lograda en octubre se ubicó 4,4% por debajo de la del mismo mes del año anterior y en el mes de agosto último el ajuste interanual había sido ya de un 6%, con lo cual, hay que retroceder hasta el 2010/2011 para encontrar valores negativos similares”, indicó un informe elaborado por los especialistas Juan Manuel Garzón y Valentina Rossetti, del Instituto de Estudios de la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) Fundación Mediterránea.

El relevamiento analizó dos temas vinculados a la coyuntura de la cadena de la carne de cerdo. El primero es lo que está sucediendo con las principales variables que hacen al mercado, faena, producción, exportaciones, importaciones y consumo interno; y el segundo, pone foco en los resultados económicos que están arrojando actualmente granjas de referencia de producción intensiva de cerdos que monitorea Ieral.

En el mes de octubre de este año se faenaron en esta cadena 575 mil animales, lo que se tradujo en 52.800 toneladas de carne de cerdo. “Tanto lo sucedido en octubre como en los dos meses previos revelan que la cadena se encuentra con dificultades para mantener la oferta en crecimiento”, indicó el informe.

Con esos números al cierre de este año producción porcina estará convergiendo a una tasa de crecimiento de entre 1,5% y 2,5% anual, “una gran desaceleración en el ritmo de expansión que traía la cadena desde hace más de una década (+8% promedio anual entre 2007 y 2018)”, reveló el estudio de Ieral.

Entre las razones de esta caída, los investigadores apuntan a la “ausencia de inversiones importantes en nuevas granjas y/o en ampliación de establecimientos existentes”, básicamente incremento de madres en producción en los últimos 3 ó 4 años. “Ese seguramente es uno de los factores que explica el menor dinamismo”, indicaron.

Además, señalaron como otra causa de la desaceleración al nivel de productividad. “A medida que las granjas se van ubicando cada vez más cerca de los estándares tecnológicos y de gestión de los países líderes, los saltos de productividad a los que se puede aspirar se van haciendo cada vez más pequeños, y de esa forma también su contribución al crecimiento”, indicaron.

A la par del deterioro productivo, el comercio exterior de carne fresca también perdió posiciones. Las importaciones se ubican actualmente en unas 35 mil toneladas peso producto en los últimos doce meses (noviembre 2018 / octubre 2019), con una “tendencia declinante” en los últimos períodos y “retrocediendo un escalón respecto del 2018”, explicaron los especialistas. Al tiempo que las exportaciones se muestran relativamente estabilizadas en un flujo anual de 16 mil toneladas.

De ese modo, la balanza comercial sigue siendo deficitaria en 19 mil toneladas, “una de las cifras más bajas de los últimos años, salvando el período 2014/2015 donde las importaciones fueron mantenidas artificialmente bajas por el gobierno argentino”, indicó el informe.

Además, Brasil sigue siendo el gran proveedor de la Argentina de carne de cerdo, mientras que, en el caso de las colocaciones, empieza a aparecer China como mercado destino debido a que el gigante asiático está muy necesitado de proteínas animales y está dispuesto a pagar precios crecientes para abastecer su golpeado mercado interno por la fiebre porcina africana.

También las ventas internas se cayeron. El consumo, medido en forma indirecta a partir de la oferta neta que se pone a disposición del mercado (producción + importaciones menos exportaciones), se está ubicando cerca de los 15 kilos promedio por habitante, pero con tendencia a la baja en los últimos meses, que coincide con lo que está pasando con la producción y las importaciones.

“Es probable que el año cierre con un consumo per cápita igual o levemente inferior al de 2018, lo que es toda una novedad considerando que el mercado interno venía creciendo en 1 kilo por año desde el 2012 hasta el año pasado.

Con esta foto, Garzón y Rossetti señalaron que “en todas las variables relevantes se observa un statu quo inédito para lo que es la historia reciente de la cadena” y explicaron que el ímpetu que traía la cadena menguó en los últimos meses y lo hizo desde la raíz, es decir desde las granjas y la producción de animales, “que parece haber entrado en una meseta de la que está costando salir”.

En ese contexto, “los menores márgenes económicos, sumados a los problemas de financiamiento, la incertidumbre sobre el futuro de la economía y a ciertas fallas en la implementación del IVA, parecen estar conjugándose en esta gran desaceleración que muestra la cadena desde mediados del año pasado hasta la fecha”, indicaron los analistas.
 

Márgenes en granja

Por otra parte, el estudio estima los márgenes económicos en granjas teóricas o de referencia, establecimientos de producción intensiva de capones, de 250 y 500 madres, que operan con tecnología estándar en la actividad, con diferentes niveles de productividad (alto o bajo, 3.536 kilos/madre/año y 2.563 kilos/madre/año, respectivamente), ubicados en el sureste de la provincia de Córdoba.

Existe mucha heterogeneidad entre las granjas que luego se refleja en sus resultados económicos y por tanto, los investigadores explican que los valores del estudio corresponden estrictamente a las granjas de referencia.

En ese sentido, apuntan que luego de un 2018 adverso para el sector, con importantes caídas en la rentabilidad, particularmente en granjas de menor productividad, los márgenes se recuperan en el 2019, situación que se observa para las distintas tipologías, aunque con matices que deben resaltarse.

Por otra parte, en los planteos de baja productividad la recuperación de márgenes solo alcanzará para reducir las pérdidas, casi con el año ya finalizado las granjas de este segmento llevan perdidos en promedio entre $2,8 y $0,2 por kilo de capón producido y comercializado en los 11 primeros meses (establecimientos de 250 y 500 madres respectivamente, a precios constantes de noviembre de 2019).

“Esto indica que el excedente económico no está compensando el riesgo de la actividad ni el costo de oportunidad de los fondos invertidos”, detallaron en el análisis sobre estos casos.

Estas granjas de productividad baja habían tenido resultados positivos en 2016 y 2017 y resultados bastante más negativos en 2018.

Por su parte, las dos granjas de alta productividad muestran márgenes positivos y superiores a los del 2018 ($7,3 y $9,2, promedio por kilo, 250 y 500 madres), reduciendo bastante la brecha respecto de los muy buenos resultados logrados en los años 2016/2017.

El grueso de las granjas de estos dos tamaños que se analizan probablemente se encuentre al medio materia de productividad del rango especificado, por lo tanto, en una extensión de tipo “lineal” también lo deberían estar sus resultados económicos. Por eso, “en términos de los resultados 2019, los números no serían tan negativos como los de las granjas de baja productividad, pero tampoco tan positivos como los de las de alta productividad”.

El análisis mensual de los márgenes resulta interesante para apreciar cual fue la evolución del resultado económico a medida que fue transcurriendo el año. En base a eso, “los resultados se recuperan hacia fines del 2018 y comienzos de este año, que se mantienen bastante estabilizados durante el primer semestre, recuperan fuerzas hacia los meses de agosto y setiembre, mientras que revierten su tendencia alcista en los dos últimos meses bajo análisis, octubre y noviembre”, detalló .


El capón gana

Si bien los costos siguieron creciendo con fuerza este año, incluso a mayor ritmo que en el 2018, el informe de Ieral detalló que los márgenes se pudieron recuperar gracias al gran desempeño del precio del capón. “En los primeros 11 meses del año el capón muestra una suba del 78%, que compara contra el 69% de los costos totales (suba promedio ponderada)”, indicaron los especialistas de Ieral.

La alimentación es el principal ítem dentro de los costos de producción porcina, con una participación que ronda el 65%. En el 2017 la relativa estabilidad de este componente (+3,2%), a pesar de subas iguales o superiores a los ingresos en otros rubros de los costos totales, permitió la mejora que mostraron los márgenes ese año (ingresos subiendo al 22,7% y costos al 11,9%).

Del mismo modo puede explicarse la pérdida de rentabilidad de 2018, por una fuerte suba del costo de alimentación. El año pasado los ingresos aumentaron un 32,4% mientras que los costos un 63,9%, con alimentos creciendo un 82%.

En 2019 el costo de la alimentación sube al 69% interanual, por debajo de otros rubros, caso de la energía que ronda el 80% y la sanidad el 113%. Por debajo de la alimentación quedan sólo dos rubros de los costos, la mano de obra, con una expansión del 50% y el transporte de la hacienda con el 57%.

Los desafíos de la nueva gestión

Con este escenario en el informe de Ieral señalan que algunas variables pueden, de la mano de la nueva política económica del gobierno nacional, modificar la situación del sector.

En ese sentido, los investigadores hacen referencia, por ejemplo, al financiamiento que “hoy es muy escaso y caro” podría aparecer si regresan los créditos a tasa subsidiada que en algún momento fueron aprovechados por muchas empresas para realizar inversiones. Sin embargo, para los analistas de Ieral, “esta política no es aconsejable”, dijeron.

También apuntaron que podría “alterarse el ritmo y la orientación de la política de integración comercial, una de las áreas donde el gobierno saliente se mostró muy activo”, dijeron los especialistas de Ieral.

De todos modos, al respecto vale aclarar que pese a esa apertura que propició el macrismo, los resultados que muestra el propio informe dan cuenta de la escasa efectividad de esas acciones para el sector, que se vio en cambio, seriamente afectado.

Ganar mercados

“En el caso de la carne de cerdo, sus principales clientes del exterior (actuales y potenciales) están en el Asia en desarrollo, así que “sería muy importante que el Estado argentino continúe cultivando y mejorando el acceso a países de esta región”, detallaron los especialistas.

“Si los márgenes se estabilizan en los niveles actuales o un poco más arriba, si el crédito empieza a fluir en mejores condiciones (tasas y plazos acordes) y particularmente, si cuanto antes aparecen señales claras del gobierno respecto a que está dispuesto a acompañar el crecimiento de las exportaciones de carnes, podrían volver las inversiones a la cadena”, concluyeron los analistas de Ieral Fundación Mediterránea a la hora de plantear proyecciones a futuro.



Fuente: Todo Cerdos

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