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La Siembra aérea llegó para quedarse

Ya se estima un 1,5% de las has agrícolas sembradas, unas 500 mil hectáreas aproximadamente se prevén para 2020. La siembra aérea se posiciona como una verdadera alternativa competitiva a la hora de elegir cómo controlar las malezas, mejores rindes, hacer forrajes u otros servicios.

02 may, 2020

Hace más de treinta años que, en la Argentina, se incorporó al avión como parte de la tecnología para sembrar. Esta campaña se incrementó en un 40% la siembra aérea con aproximadamente 500 mil hectáreas sembradas. Los cultivos de cobertura fueron un aliado que permitió incrementar la cantidad de hectáreas implantadas con avión.

 La técnica de la siembra aérea comenzó, en 1980, de la mano de la Siembra Directa en el sur de Santa Fe. En diferentes ambientes, con diversos suelos y condiciones climáticas, inclusive con diferentes fines, la siembra aérea está creciendo año a año y campaña tras campaña suma hectáreas y profesionales que se capacitan en esta tarea.

La siembra aérea ha demostrado ser una alternativa con ventajas para la siembra de grandes superficies por su simplicidad operativa, rapidez de implementación y bajos costos relativos, sobre todo, cuando se la emplea en sistemas mixtos sobre cultivos de verano.

El costo del vuelo ronda los 30 dólares por hectárea pero, según los técnicos, el productor deberá verlo como una inversión de mediano plazo, por los aportes que le harán los cultivos en la lucha contra malezas, en el mejoramiento del suelo, en aportes forrajeros, entre otros.

En zonas complicadas con perfiles de suelo demasiado cargados de agua, es una manera de deprimir las napas ya que las pasturas tienen un gran consumo de agua. Contribuye a que los productores no pierdan sus cultivos debido a las lluvias excesivas y puedan acceder a cosechar esa materia prima.

En el mundo se utilizan las técnicas de siembra con aviones agrícolas como una herramienta irremplazable por sus beneficios. En Argentina, es una actividad con un crecimiento sorprendente, donde se reconoce el nivel de profesionalismo y calidad de la aviación agrícola.

En las distintas zonas, se siembra avena, centeno, cebada, raygrass y tréboles como también se suman otras especies como triticale, vicia villosa y sativa. Se realizan tanto sobre soja o maíz en pie, próximos a cosecharse, como para los cultivos de cobertura y, sobre lotes sin cultivos, para la siembra de pasturas.

Es una siembra que se adopta cada vez más como inclusión de los cultivos de servicios, herramienta fundamental para la solución de diversas problemáticas que existen en la planificación agrícola anual, por parte de productores y asesores.

Entre las enormes ventajas que tiene la siembra aérea, se destaca que hace que los suelos sean menos erosionados y además permite ingresar a los lotes, bajo cualquier condición.

Es imprescindible para la realización de este trabajo la utilización de aviones de gran capacidad de carga y operativa. Capacidades de carga de por lo menos 2000 litros, para que sea competitivo en los costos de siembra.

 

Las malezas; la gran batalla.

La lucha contra las malezas difíciles está a la vanguardia en el dia a día de los cultivos y el productor busca por todos los medios sus controles con la mayor efectividad y el menor costo posible.

En las diferentes realidades, para este combate, entran en juego los distintos cultivos de cobertura, que adaptándolos a las necesidades particularidades de cada lote, traen muchas ventajas. Se puede mencionar:  mejorar la infiltración del agua, reducir la erosión eólica e hídrica, incorporar materia seca y nutrientes al sistema (como carbono, nitrógeno, etc.), generar macro porosidad, reducir el ascenso de sales y también, en campos mixtos, permitir la intensificación del sistema. Entonces, es allí donde la avena, el centeno, la cebada, el raygrass y tréboles son los principales cultivares donde más se adopta la siembra aérea.

 

Forraje en Pasturas Naturales.

Otro modo de tener como alternativa la siembra aérea es en ganadería; la mejora de la calidad del forraje para ganado en campos con pastura natural con la siembra de, por ejemplo, trébol rojo, con excelentes resultados. La siembra de forrajeras entonces, también es una buena opción desde el aire. En sistemas ganaderos, permite ganar uno o dos meses con esta siembra anticipada y el forraje estará disponible mucho antes para su consumo.

Debemos tener en cuenta que esta tecnología no deja de ser una siembra “al voleo”, por lo cual hay que ser muy cuidadoso al momento de realizarla y tratar de efectuarla con algún pronóstico de lluvias cercano, entre otras consideraciones. Se está haciendo conocer de a poco, todas las ventajas que tiene, como una herramienta que empieza a utilizarse con mayor intensidad, teniendo por ello un futuro cada vez más interesante.

 

Otras ventajas.

La siembra aérea se puede hacer en lotes bajos con exceso de agua, lotes que quizá perderían la capacidad de producir un forraje de calidad para el ganado por no poder entrar a sembrarlo en tiempo y forma. Además, la eficiencia por el tiempo que insume es óptima. Es mucho más rápido y se pueden sembrar grandes extensiones en un menor tiempo.

Para el control de malezas, es el otro gran aspecto. Entonces, debemos tener presente que estos cultivos se realizan en el campo en un momento en que el lote esta sin ocupar, por lo que se va aprovechando en ese lapso la preciada disponibilidad de “recursos gratuitos” como luz  y el agua, capitalizando a ambos para producir materia seca tanto en la parte aérea (follaje), como a nivel raíz, y activando todo el “sistema vivo” en el suelo.

Las empresas que brindan estos servicios son de fácil ubicación, como por ejemplo en Cnel Bogado, Santa Fe. Hacen el sur santafecino y pasan a las zonas de Pergamino, San Nicolás, Ramallo. También actúan entre otros lugares en Santiago del Estero. También en la zona de Las Parejas, se ubican estas empresas de servicios novedosos e innovadores.

 

A tener en cuenta

Argentina tiene una superficie continental de alrededor de 2,8 millones de kilómetros cuadrados, y cuenta con 37,5 millones de hectáreas de cultivos agrícolas. Los principales cultivos que ocupan esa superficie son: soja, trigo, maíz, girasol, sorgo y cebada.

Una proporción muy alta de nuestros suelos agrícolas está libre de cultivos en algún momento del año. Las razones son variadas, desde económicas hasta por miedo a que el doble cultivo baje el rendimiento del cultivo de verano. Sin embargo, un estudio realizado en la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) indica que en muchos casos se podrían realizar dos cultivos sin comprometer la productividad del sistema. La adecuada elección del cultivo, podría prestar valiosos servicios al ecosistema.

El 90% de las tierras cultivables de Argentina produce cosechas sólo en verano, mientras que la superficie ociosa en invierno es altísima, casi 32 millones de hectáreas. Son varias razones las que fundamentan que los productores no implantan cultivos en ese lapso que va desde la cosecha de un cultivo de verano a la siembra del siguiente; período conocido como barbecho de invierno. Una es económica: si los márgenes brutos son desfavorables, el cultivo no se siembra. Otra, el temor a que el cultivo de invierno reduzca el agua disponible en el suelo al momento de sembrar el siguiente cultivo, en primavera/verano.



Fuente: Santa Fe en Producción

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