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Momentos difíciles en Argentina llevan a pensar detenidamente sobre el Aparato Productivo.

Lo elemental es pensar cómo distribuir las cargas de la complicada situación económica, social y financiera. En este marco de reflexión es oportuno preguntarse: ¿no es un contrasentido que sectores “progres” defiendan las retenciones, siendo éstas un impuesto tan regresivo?

02 jun, 2020

Lo elemental es pensar cómo distribuir las cargas de la complicada situación económica, social y financiera. En este marco de reflexión es oportuno preguntarse: ¿no es un contrasentido que sectores “progres” defiendan las retenciones, siendo éstas un impuesto tan regresivo?
Sí que lo es; pero lo cierto es que la mayoría de funcionarios políticos que gobiernan, nunca entendieron a la población que vive en el campo. La siguen viendo como grandes unidades de terratenientes, sin entender el gran entramado productivo que existe. Y desde esa ideología aceptan la retención porque la ven como un castigo al grande. Y esa visión la mantienen junto a muchos periodistas, otros políticos y también universitarios.
Las retenciones, son una discusión ideológica y de plata a la vez. Ambas cosas mezcladas. Ahora, en este gobierno, como en el anterior de Macri, sólo es por dinero claramente. Si se revisan escritos de gente que está hoy en el Gobierno Nacional y en la provincia de Buenos Aires, repiten la idea de que las divisas del agro son producto de la renta de la tierra. Sin mirar la reinversión y el recambio tecnológico, siempre lo han visto desde otra concepción. Hay gente que sigue teniendo ese concepto de gran excedente agropecuario. 
Pero en Argentina, no existe tal renta extraordinaria. Lo que hay es un aumento de la producción motivo de la inversión tecnológica, que muchas veces esto hace que existan subas y excedentes por eso. Y lo más interesante de todo, en este bendito país, es que a pesar de todos los avatares durante las últimas décadas con políticas agropecuarias oscilantes, existe una línea de crecimiento en productividad. 
Una renta agropecuaria se la juzga por tres cosas: el precio internacional, el tipo de cambio y los impuestos. Todavía, no se sabe por cuánto en este contexto de pandemia mundial, el precio de los granos se sostiene, lo mismo que el precio de los insumos. Pero el tipo de cambio y los impuestos, tal como hoy están y como viene la mano, ponen un piso muy importante y alto. A lo que se suma, la lamentable y apresurada decisión del Banco Central de inhibir la compra de dólares a los sectores importadores de tecnología necesaria para los cultivos, agrava el cuadro.
Es interesante ver el impacto del actual 33% de retenciones en soja, que puede terminar siendo el más alto de la historia. Lo tendremos que evaluar en la evolución de la salida económica ante esta crisis, -arreglo de deuda externa mediante- y qué plan asomaría el gobierno para manejar la situación económica.
Sera complejo… muy complejo… porque existe un Estado muy grande que debe financiar a jubilados y una masa social con subsidios enorme, y que por ahora se sostiene con emisión sin descanso. Pero habrá que ver hasta cuándo y cómo. 
Del 2001 se salió con una gran devaluación y con el inicio de una suba de precios internacionales, y el agro terminó siendo el motor de la recuperación nacional. Ahora está por verse, con estas desubicadas miradas sobre el sector primario de la economía por parte de actores importantes. Debe primar la cordura y concebir al agro como el único motor que quedó en pie y con el que habrá que hacer una gran alianza estratégica.
Ahora la cosa pública es mucho más difícil debido a la desesperación de las autoridades nacionales para obtener recursos, por la masa demandante de esos recursos. Aun así, es importante que exista un diálogo amplio con todo el sector agroindustrial, para acordar la salida y no ir a un nuevo salvajismo, como en el 2008.
Para cerrar la reflexión, debemos considerar que impositivamente es más justo trabajar sobre el Impuesto a las Ganancias. Es más justo porque no afecta lo producido (las Retenciones) sino lo ganado; solo habría que subir la escala, como en otros países donde son mucho más altas. Claro, que a esto lo complican otros impuestos pesados que se fueron sumando. Es difícil que el sector privado soporte tanta cantidad de impuestos. 
Como dice el dicho: que alguien ilumine a los decisores, para que dejen de volver sobre lo trillado.



Fuente: SANTA FE EN PRODUCCIÓN

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