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Semblanza de un oficio unico

PAMPA GRINGA reproduce una nota que fuera publicada en La Arena, un diario de La Pampa. La misma refleja en pocas líneas, lo que significa ser molinero en los campos de cada rincón de este país. En la figura de Carlos «Pichila» Rivero, hace poco desaparecido, va esta semblanza a los centenares, miles de hombres que realizan este oficio y que llevan lo campero en cada espacio de su ser.

29 jun, 2020

Rodolfo Isidoro «Rolo» Bianco es un conocido propietario rural de la zona que hace casi 20 años ofrece un asado a sus amigos e invitados para festejar el «Día del Trabajador». Hace muchos años lleva adelante tareas rurales donde convive como uno más con los trabajadores. Así pasó desde hace unos cincuenta años con su molinero y entrañable, Carlos «Pichila» Rivero, que hace unos días falleció, y él quiso darle «el saludo final» a su manera, a través de LA ARENA.
Bianco reveló que se conocen de chicos. «Nos conocimos cosechando maíz a maleta y troja. Pero el padre, don Francisco, era el pocero más antiguo de la zona y agarró el oficio de muy chico», contó.
«Empezó bien de abajo, perforaba a mano, después fue armando una maquinita, y se transformó en el mejor de la zona. La primera vez que lo llamé para hacer un trabajo fue en 1976. Desde entonces, en nuestros campos nos hizo unas 40 aguadas. Solo en el que vivo yo, el ‘Don Angel’, que son 1.800 hectáreas, nos hizo 17. Ponete a pensar, si nos hizo esa cantidad cuántas habrá hecho en sus cincuenta años de pocero», reflexionó.

Una aguada.
Bianco afirma que son profesiones que se van perdiendo por el avance de la tecnología, pero aseguró que «Pichila» se había actualizado. «El seguía trabajando mucho, no solo hacía las perforaciones sino que instaló varias bombas -sumergibles-«, dijo.
Pero el ruralista explicó cómo Rivero hacía su trabajo. «Era el mejor, te ponía una aguada en marcha en tres o cuatro días. El primero empezaba temprano a perforar mientras dos empleados empezaban a armar el tanque. En nuestro campo el agua está a 18/20 metros, pero él encamisaba hasta los 60. Cuando terminaba ensamblaba en el suelo la base del molino, que viene en cajones, y le adosaba la máquina, después nos pedía un tractor y lo paraba con un cable. Te lo entregaba con el tanque lleno y con el terreno lisito, ni una tosca, así de baquiano y prolijo era. También teníamos tiempo para almorzar un asadito», memoró.

«Pichila», el hombre.
Don Rolo Bianco se emocionó cuando habló de cómo era su amigo. «El hombre era lo más honesto, un tipo bueno, de palabra. Pero, además, un gran profesional, ¡un señor!», enfatizó.
«Qué puedo decir, éramos amigos desde siempre. Un tipo de fe, era evangélico, al que le importaba poco la plata. Podés creer que levantó dos templos en Doblas y no tenía casa propia. Hace veinte años, cuando murió mi padre, vivía en una casa que se le llovía así que se la presté y ahí murió», reveló.
Rolo manifiesta que dentro de su deseo de despedir a su amigo, le pidió al payador Eduardo Montecino que le escriba unas líneas para darle su hasta siempre. El artista reflejó poéticamente lo que Bianco piensa de su amigo. La última estrofa dice: «Junto a Dios tendrá descanso, ya que ha emprendido su viaje, es un pequeño homenaje, que del corazón le alcanzo, sin dudas hallará el remanso, porque ha sido un hombre franco, porque nunca cambió el tranco, y fue todo un caballero, es pa’ ‘Pichila’ Rivero, abrazos del Rolo Bianco».



Fuente: La Arena (La Pampa)

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